Mi labor detrás de la cámara consistió en acompañar con sensibilidad y respeto cada una de esas historias, buscando siempre la verdad emocional en los rostros y los gestos de los protagonistas. La narrativa visual se apoyaba en una estética cercana y naturalista, donde la cámara se convertía en testigo silencioso y empático.
La vida con Samanta fue una experiencia televisiva de gran profundidad humana, un proyecto que demuestra que la mirada periodística y la sensibilidad audiovisual pueden unirse para contar historias que inspiran, conmueven y conectan con lo esencial.