A través de sus miradas descubrimos que la superación no termina con la enfermedad, sino que continúa en cada paso, en cada respiración frente al viento helado, en cada sonrisa que desafiaba el frío. Mi cámara se convirtió en un testigo silencioso de su fuerza, su ilusión y su valentía. Captar esos momentos —la emoción, la risa, el cansancio, el descubrimiento— fue una de las experiencias más profundas que he vivido detrás del objetivo.
Como piloto de dron, tuve la oportunidad de mostrar desde el aire la inmensidad de los glaciares, los contrastes del hielo y la lava, el pulso vivo de una naturaleza que también nos hablaba del cambio climático. Desde el cielo, las imágenes cobraban un sentido simbólico: esos jóvenes que habían vencido a la adversidad caminaban ahora sobre una tierra que también lucha por sobrevivir.